Ahora exponemos a otra figura del grupo anti-Ortega, Martha Patricia Molina, quien ocupa el puesto 169 en la lista.
Ya publicamos sobre el número 40 de quienes firmaron la carta a la RAE en respaldo a Sergio Ramírez, puede ver la publicación pulsando AQUÍ. El premiado fue Irving Larios S., identificado como el número 40 en la lista, fue el primero de esa lista al que dedicamos una publicación. Se le presenta como “luchador social”, pero también formó parte del aparato sandinista cuando Sergio Ramírez era vicepresidente y respaldó esa carta con su firma. De esbirro sandinista a “luchador social”, ahí encontraras la joyita con el número 40.
Ahora seguimos con la abogada Martha Patricia Molina, otra firmante, quien llama “opositores de opositores” a los antisandinistas que no se alinean con sus ideas políticas y que también cuestionan a figuras sandinistas como Luis Carrión, Dora María Téllez o Mónica Baltodano, como parte de la lucha para acabar con la tiranía sandinista de los Ortega/Murillo. Desde esa perspectiva, cualquier persona que haya formado parte del sandinismo en los años ochenta, es del club de la Martha Patricia y que hoy por hoy se presentan como opositores a Ortega, es decir, anti-Ortega, y tanto ellos como ella, pertenecen a ese mismo club.
Según su postura, ella rechaza especialmente a quienes, como el Tranque de Miami, se oponen a que antiguos sandinistas o personas señaladas como cómplices de crímenes del pasado formen parte de la actual oposición. Se sabe que ellos de una u otra manera contribuyeron a que el régimen se mantuviera y que, al seguir siendo sandinista, conservan las prácticas aprendidas de la dictadura que afirman combatir.
Y porque Sergio Ramírez es parte del club, ella no podía resistir estar en contra de los que se oponían a su Silla L en la RAE, los “opositores de los opositores”. Ella lleva odio ideológico dentro de su catolicismo, porque no puede ser posible que se este en contra de los intocables sandinistas criminales, mucho menos de un hombre con un gran prestigio en la literatura en español sino también el “prestigio” de ser un criminal sandinista, claro ella no lo dice, pero la historia si lo dice.
Para muchos antisandinistas, resulta inaceptable apoyar a Sergio Ramírez Mercado. Reconocen su valor literario y su mérito en la obtención de la Silla L, pero consideran que eso no borra las acusaciones de su presunta responsabilidad en crímenes cometidos junto a Ortega. A juicio de miles de nicaragüenses, tanto Ortega como Ramírez cargan con responsabilidad por crímenes graves, entre ellos abusos contra la población, exilio forzado, empobrecimiento del país y adoctrinamiento de generaciones enteras.
Por estas y otras razones, seguimos señalando a quienes respaldaron a Sergio Ramírez Mercado, a quien se considera, y para que no se arreche Morazán, presunto responsable de crímenes de lesa humanidad.
MARTHA PATRICIA MOLINA: LA “DEFENSORA DE DDHH” QUE FIRMA PARA BLANQUEAR A UN CRIMINAL SANDINISTA
Por María Libertad Nicaragua
Martha Patricia Molina Montenegro nació el 13 de febrero de 1981 en Managua, Nicaragua. Es el ejemplo perfecto de cinismo disfrazado de fe. Corre desesperada detrás de los micrófonos y plataformas de los sectores más tradicionales de la Iglesia católica (incluida la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), esos que rechazan con firmeza el modernismo, defienden la doctrina inmutable y combaten sin ambigüedades el aborto, la ideología de género y la agenda LGBTQ. ¡Qué descaro más repugnante!
Con sonrisa de “santa exiliada”, adora las adulaciones de los laicos e ignorantes y de sus seguidores lame patas. Su ego se infla cuando los medios progres de la secta bergogliana y de la izquierda delincuencial la presentan como “la voz laica de la Iglesia perseguida en Nicaragua”.
Mientras se sirve del tradicionalismo católico como trampolín publicitario, Martha Patricia Molina es, según sus propias posiciones, feminista, abortista y defensora de homosexuales y lesbianas. Una progresista de manual que abraza la ideología de género justifica o silencia el aborto y promueve la agenda arcoíris que la FSSPX y cualquier católico tradicional considera incompatible con la fe. Esto no es coherencia: es oportunismo puro y descarado.
Usa el sufrimiento real de sacerdotes, obispos y fieles nicaragüenses como materia prima para sus informes, pero solo para ganar visibilidad entre quienes realmente creen en la doctrina católica. Se fotografía con el manto de la ortodoxia mientras sus convicciones profundas la alinean con todo lo que los tradicionalistas combaten. Es como un lobo que se disfraza con piel de cordero tradicional para que los rebaños más fieles le abran las puertas y le den tribuna.
Martha Patricia Molina mercadea con la cruz y con el dolor de la Iglesia para avanzar una agenda personal que es contraria a la fe que finge profesar. Los tradicionalistas que la acogen están siendo engañados por una activista que selecciona su catolicismo según le conviene: duro contra Ortega y blando con los progresistas.
Martha Patricia Molina no defiende la Iglesia. Se aprovecha de ella. No es una voz católica consecuente, sino una oportunista profesional que usa los medios tradicionalistas como escalera hacia galardones y notoriedad.
Cuando la máscara caiga, quedará claro que su “defensa” de la fe no fue más que un cálculo frío para medrar. Los católicos serios, especialmente los tradicionalistas, deberían dejar de prestarle su pulpito. Nicaragua y la Iglesia perseguida merecen denunciantes honestos, no camaleones ideológicas que cambian de color según la audiencia del momento.
Martha Patricia Molina: la mercenaria de los galardones.
Se ha convertido en la gran empresaria de la persecución a la Iglesia católica en Nicaragua. Mientras miles de sacerdotes, obispos y laicos sufren exilio, cárcel, prohibición de misas y procesiones, y profanaciones constantes, ella ha transformado el dolor ajeno en su principal producto de exportación: informes kilométricos, testimonios recopilados y una victimización sistemática que le ha valido medallas, reconocimientos internacionales y aplausos en los circuitos de Washington y Europa.
Esta abogada, que se jacta de fe católica profunda, no documenta la tragedia por amor a la verdad o a la Iglesia. Corre detrás de los galardones como un sabueso detrás de un hueso. El Premio Internacional a la Libertad Religiosa del Departamento de Estado de Estados Unidos fue solo el
comienzo. Cada nuevo informe, el séptimo, el octavo…es una nueva temporada de su reality show personal: “Yo, la voz laica de la Iglesia perseguida”.
Desde el “exilio” cómodo en Texas, en su casa pagada con el dinero de las ONG, arma su marca personal de “víctima heroica”, mientras los católicos de verdad que publican sus textos son instrumentalizados sin saber (o queriendo ignorar) quién es realmente la persona a la que están dando plataforma.
La misma que llora por la persecución orteguista no tiene problema en aliarse ideológicamente con las fuerzas oscuras culturales que destruyen la familia, la vida naciente y la moral cristiana que dice defender. Sin embargo, este discurso de coherencia moral se quiebra ante hechos concretos que revelan un claro doble rasero.
Y el cinismo no termina ahí. La misma que llora por la libertad religiosa firma apoyando al criminal de lesa humanidad Sergio Ramírez Mercado, figura nefasta del sandinismo represivo de los años 80, para la Real Academia Española, aliándose con quienes representan el mismo autoritarismo que hoy critica selectivamente.
Es repugnante la forma en que se sirve de la cruz ajena. Mientras obispos callan bajo amenaza, mientras sacerdotes son desterrados y laicos son vigilados, Molina arma carpetas perfectas para entregarlas a quien le dé un premio más. Su activismo no es sacrificio: es marketing. No es denuncia valiente: es inversión a largo plazo en visibilidad y estatus. La persecución no es el drama que denuncia; es la materia prima de su marca personal, convirtiendo la sangre de los mártires nicaragüenses en currículum vitae reluciente.
Defiende derechos humanos solo cuando el victimario es Ortega. Cuando el victimario lleva la camiseta histórica del Frente Sandinista, se vuelve pragmática, comprensiva y hasta admiradora literaria. Molina no es defensora de la fe. Es una oportunista profesional que ha monetizado y premiado la tragedia de su pueblo. Usa el manto de la Iglesia perseguida como trampolín para su propio ascenso. Nicaragua merece denunciantes honestos, no mercaderes de la cruz.
Cada abrazo con un obispo en el exilio, cada entrega de informe al Vaticano o a la OEA, cada foto con el premio en la mano huele a cálculo frío. La verdadera defensa de la Iglesia no busca galardones. Los santos y los mártires nunca montaron ONGs de victimismo, ni persiguieron reconocimientos del Departamento de Estado. Ellos entregaban su vida, no su LinkedIn. Molina, en cambio, entrega PDFs, recibe un salario por escribir y busca prestigio internacional que le permita más adelante ocupar un puesto en algún poder del Estado sandinista MRS-Progresista…o en una ONG mundial.
Que quede claro: su activismo es negocio. Su fe, utilitaria. Y su “vocación” por los derechos humanos, un doble rasero descarado que solo engaña a quienes no han visto cómo corre detrás de cada trofeo que la persecución misma le pone en bandeja.
Apoyar literariamente a un escritor no es el problema principal. El problema es la selectividad: Molina denuncia con vehemencia la represión actual de Ortega, pero avala y legitima a quien formó parte del mismo proyecto ideológico y político que sentó las bases de autoritarismo sandinista. Muchos de los que hoy sufren exilio, prisión o persecución por parte de Ortega fueron también víctimas de las lógicas represivas que
Ramírez ayudó a consolidar en los años 80.
Esta falsa defensora de DDHH, ha tejido alianzas con antiguos asesinos, torturadores, espías perseguidores de la Iglesia Católica. En apariencia, justifica “la unidad” contra Ortega por encima de la memoria histórica y la consistencia moral. Esto no es pragmatismo, es oportunismo. Defiende a la Iglesia perseguida hoy, pero blanquea a quienes persiguieron, encarcelaron, asesinaron o callaron ante las violaciones de los DDHH en el pasado.
Este doble rasero erosiona la credibilidad de quien se erige en “defensora de los derechos humanos” y de la “libertad religiosa”, pero pontifica a los criminales que cometieron atrocidades sin haber pagado, ni un solo día, sus crímenes.
La coherencia exige rechazar la represión venga de donde venga y no hacer excepciones por conveniencia política o literaria. Defender la libertad religiosa y los DDHH no puede ser selectivo: debe aplicarse a todos los victimarios pasados y presentes. Pero no puede pretender que su imagen de abogada intachable y católica intransigente quede intacta cuando, por conveniencia, tiende la mano a asesinos del sandinismo histórico. La memoria de las víctimas de ayer y de hoy merece algo más que selectividad ideológica.
Esa misma voz que denuncia la represión de Ortega se convierte en una inquisidora digital y política contra cualquiera que ose criticarla o discrepar de su narrativa, omisiones o contradicciones en su accionar. Este comportamiento revela su personalidad narcisista: “solo yo soy la voz legítima”. Ante la crítica, responde con sabotaje reputacional: etiqueta inmediata de “sandinista”, “infiltrado” o “envidioso” para destruir la credibilidad del otro y eliminar competencia.
La lucha contra la dictadura no necesita gurús intocables ni sacerdotisas de los DDHH que exijan pleitesía. Necesita transparencia, rendición de cuentas de los criminales de ayer y de hoy.
Autor: María Libertad Nicaragua
Aparentemente no encontraron el diario de Ramírez donde escribió sobre su vicepresidencia con Ortega.
Este post de abajo de Martha Patricia, para darle contexto hay que publicar el hilo completo:
relata Sergio Ramírez . “con todo énfasis dijo, que esperaba que nunca volviera la NOCHE OSCURA del pasado".
— Martha Patricia M (@mpatricia_m) October 22, 2023
¿Será que Martha Patricia no se puso a pensar antes de publicar el ultimo post? Parece que no fue así porque su dios, Ramírez, hizo vivir junto a Ortega a millones de nicaragüenses en una larga noche oscura en el pasado, hace cinco décadas atrás, sino, no lo hubiera publicado, porque ahora lo defiende, a Sergio defiende, no a la iglesia que una vez Sergio y Ortega quisieron destruir.
No sabía que lo iba a defender.
“Recuerdo la celebración de hace trece años; tenía lugar en tinieblas, en una gran noche oscura”, dijo el Papa, refiriéndose a lo mal que lo paso en su primera visita a Nicaragua, donde turbas sandinistas querían silenciar al Papa en la misa que dio en la Plaza; esa frase fue dicha en su segunda visita al país en 1996 estando doña Violeta Chamorro como presidente.
Ya sé, ya sé, el post fue el año 2023 y lo de la Silla L fue este año en el 2026, pero en ese mismo momento se debió de dar cuenta que Sergio Ramírez fue parte de ese desagravio al Papa, al Santo Padre que representa a Cristo en la tierra y aun así usa una frase que dijo el Papa y que él, Ramírez, repitió:
En estos tiempos de “opositores de opositores” el post tiene relevancia porque sin darse cuenta acusaba a Ramírez de tan oprobioso día, ya que Ramírez participó en la farsa sandinista contra el Papa, es más, Ramírez está en una de las fotos de su post, en la primera foto.
Si era defensora de la iglesia en el 2023 también lo tiene que ser en el 2026, pero no, ya que su catolicismo no se apega a lo que ella pregona. Si Ramírez destruía la Iglesia en los ochenta, ¿qué le hace pensar a ella que ya no la quiere destruir en estos tiempos?
Por falta de tiempo, tal vez.
En los ochenta Ramírez ayudó a mancillar a la Iglesia, en estos tiempos, Ortega y él, Ramírez, lo hicieron, y ahora Ortega junto a su maldita mujer lo hacen, siguiendo el mismo libro que se usaba en los ochenta, que los dos usaron, sin embargo, ella lo apoyó con su firma.
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