IRVING LARIOS, EL CAMALEÓN SANDINISTA QUE PASÓ DE AGENTE DE LA SEGURIDAD DEL ESTADO A “DEFENSOR DE DDHH”: “LUCHADOR SOCIAL”


“Yo sí creo que se tienen que revisar los crímenes de lesa humanidad, pero que revisemos toda la Historia, hasta de los Chamorros, todo. Tal vez no hasta llegar a los 200 años, pues pero si llegar por lo menos hasta Somoza y que los somocistas más destacados que han cometido criminales -todavía hay algunos aquí en Miami- paguen.” –Irving Larios–


Larios junto a otros sandinistas de la época firmaron la carta donde avalaban al ex vicepresidente sandinista Sergio Ramírez Mercado para que le adjudicaran la distinción de ocupar la Sill L en la RAE; sandinistas cubriendo a sandinistas. Entre todos se cubren sus fechorías revolucionarias y desde aquí trataremos de publicar las andanzas de todos ellos en su época de ensueño revolucionario, recopilando la historia que quieren borrar, que sabemos están tratando de desaparecer en todas las publicaciones digitales que han recogido la negra historia del sandinismo.

El cinismo de todos ellos va más allá de lo racional, todos se quejan de la dictadura Ortega Murillo, y no de la dictadura sandinista Ortega Murillo, ninguno de ellos se ve al espejo porque lo que verán será el reflejo de su complicidad en los años que participaron ya sea dentro de la estructura criminal del gobierno o siendo focas apologistas que desde la tranquilidad de las oficinas sandinistas que ocupaban, aplaudían lo que la estructura criminal sandinista hacia fuera de ellas.



Por María Libertad Nicaragua



El esbirro Irving Isidro Larios Sánchez representa uno de los casos más
claros de impunidad y reinvención política en la Nicaragua contemporánea.
Agente del Ministerio del Interior (MINT) durante los años más represivos
de la Revolución Sandinista, hoy se presenta como sociólogo crítico,
opositor al orteguismo y defensor de derechos humanos. Su trayectoria
ilustra cómo ciertos sectores del sandinismo histórico han logrado
blanquear su pasado autoritario para ganar oxígeno político y credibilidad
internacional.

Irving Larios nació el 15 de mayo de 1958 en Corinto, Chinandega. Desde su
juventud ha sido sandinista. Se integró al Frente Sandinista en 1977. Se
involucró en movimientos estudiantiles y protestas. Fue miembro del
Comité Ejecutivo del Frente Estudiantil Revolucionario (FER) en el período
1978-1979.

Cuando el grupo terrorista FSLN asaltó el poder en 1979, ocupó cargos en la
Juventud Sandinista y el Consejo Nacional de Educación Superior (CNES).

Entre 1980 y 1988, trabajó en la Dirección V del Ministerio del Interior,
(MINT) dirigido por el criminal de lesa humanidad Tomás Borge. Esta
dirección se encargaba de la seguridad del Estado (relacionada con
inteligencia, contrainteligencia, espionaje y control político, y vinculada a la
temida Dirección General de Seguridad del Estado, cuyo Jefe era el
sanguinario Lenin Cerna). Esto lo sitúa estructuralmente en el aparato
represivo sandinista de la época, donde ocurrieron abusos documentados
contra exguardias somocistas y opositores.

Específicamente, Larios estuvo vinculado a la Dirección V en la Región
Atlántica (Zona Especial II o Región V), donde la primera dictadura
sandinista implementó políticas de reubicación forzada, destrucción de
comunidades, violaciones de mujeres y adolescentes, represión y
asesinatos contra pueblos indígenas miskitos, sumu y rama.

En esa época se registraron graves violaciones a los derechos humanos:
desplazamientos masivos, ejecuciones extrajudiciales, destrucción de
aldeas y la tristemente célebre operación conocida como “Navidad Roja”
(1981-1982), en la que el Ejército Sandinista causó miles de víctimas entre
la población miskita, según diversas denuncias históricas que pueden ser
comprobadas.

Aunque no existen condenas judiciales internacionales directas contra
Larios por estos hechos (la impunidad predominante en las filas sandinistas
lo explican), su posición de mando en la estructura de seguridad estatal en
esa zona lo sitúa como parte del aparato represivo responsable de esas
atrocidades.

En 1983, Irving Larios fue señalado por Álvaro Bladizón Avilés, Jefe de la
comisión especial de investigaciones sobre aspectos internos del Ministerio
del Interior, de ser uno de los responsables del secuestro, torturas,
asesinato y desaparición de cadáver del Coronel GN José Ramón Silva
Reyes.

A continuación, trascribimos un extracto del relato de Denis Silva, hijo del
Coronel Silva Reyes:


“En el año de 1983, en mi búsqueda de noticias del paradero de mi padre,
con diferentes personas, conocí al Jefe de la comisión especial de
investigaciones sobre aspectos internos del Ministerio del Interior y sobre
“Derechos Humanos” y desapariciones, de nombre: Álvaro Baldizón Avilés, un señor moreno con bigotes gruesos y de contextura delgada, y me dijo que buscara la forma como exigir se aclararan los hechos relacionados con mi padre, que me lo decía porque mi padre en una ocasión siendo más joven, le ayudó a su familia para sacar de la cárcel a un familiar detenido por la Guardia Nacional.”

Textualmente me dijo lo siguiente:

‘En una de las cárceles de operaciones de la Seguridad del Estado, que eran doce en total, en las diferentes regiones del país, se encontraba tu padre junto con otras personas, sometidas a múltiples torturas físicas y psicológicas.

Las personas cómplices y ejecutores de su detención, tortura, asesinato y su desaparición fueron entre los que recuerdo: Tomas Borge, Luis Carrión Cruz, Hugo Torres Jiménez. Lenin Cerna, Oscar Loza, Primitivo Rodríguez, Irving Larios, Wilmore Solano, José Mojica Mejía, Macy Yuma, sacerdote Uriel Molina Oliu, Raúl Cordón Morice y Juan José Úbeda’”.

Una de las cosas que hemos descubierto en nuestro activismo para
desenmascarar a los falsos opositores en el “exilio”, es que los mismos
grupos de DDHH de Nicaragua encubren a todos los sandinistas peleados
con Ortega, ya que quienes dirigen esos organismos son también
sandinistas. Lo que dificulta la búsqueda y aplicación de la justicia por los
crímenes cometidos por Irving Larios, ya que él mismo pertenece a grupos
de “activistas de DDHH”.

Tenemos una hipótesis: que la Señora Vima Núñez Escorcia (sandinista y
presidenta del CENIDH), jamás reportó a la CIDH (OEA), los delitos y
crímenes de sandinistas disidentes, para que no hubiera rastros de sus
tropelías y que en un futuro gobierno verdaderamente anti sandinista, no
los juzgaran.

Larios no ha ofrecido una rendición de cuentas clara sobre su rol en la
Dirección V, ni ha condenado públicamente las graves violaciones
cometidas por el sandinismo en los años 80 contra indígenas, campesinos,
disidentes, Iglesia católica y opositores. En cambio, ha logrado posicionarse
en espacios académicos y de cooperación internacional, donde su pasado
como agente estatal se minimiza o ignora.

Cuando el FSLN perdió las elecciones en los años 90, Irving Larios se recicló
en empresario ONGero y fundó el Instituto de Investigaciones y Gestión
Social (INGES) y se insertó en plataformas de sociedad civil. Durante la
represión de 2018 se posicionó como “crítico” de la dictadura Ortega-
Murillo, pero no del sandinismo FSLN.

Su detención en septiembre de 2021 y su posterior destierro en el grupo de
los 222 presos políticos en febrero de 2023, le facilitaron el estatus de
“preso político” y “defensor de DDHH” en círculos internacionales y medios
opositores que lo han blanqueado.

La impostura moral.


El problema no es que critique al régimen actual —cualquier voz contra la
dictadura sandinista Ortega-Murillo merece atención—. El problema es la
falta de autocrítica profunda y la reinvención selectiva de la memoria.

Quien formó parte del aparato de Seguridad del Estado que torturó, espió,
encarceló y reprimió a quienes luchaban contra el sandinismo marxista,
genocida y ateo en los 80, ahora se rasga las vestiduras denunciando
“represión” y “violaciones a los derechos humanos” con lenguaje
progresista. Esta amnesia selectiva es clásica de todos los criminales y
cómplices sandinistas, que ahora se disfrazan de “opositores” anti Ortega-
Murillo: los crímenes propios se convierten en “errores de la revolución” o se omiten; pero solo los Daniel Ortega y Rosario Murillo se convierten en “crímenes de lesa humanidad”.

Conclusión:


Justicia sin excepciones. La crítica al terrorismo de Estado de la dictadura de
Daniel Ortega y Rosario Murillo es necesaria y urgente. Pero no puede
basarse en dobles raseros morales. Un verdadero defensor de derechos
humanos debe condenar toda violación, independientemente de la
bandera bajo la que se cometa. Quienes tuvieron responsabilidades en la
maquinaria represiva sandinista de los 80 y hoy se visten de “demócratas” y
de “luchadores por la libertad” deberían comenzar por un ejercicio de
verdad y reparación hacia las víctimas de aquella época: miskitos,
excontras, presos políticos de los 80, familias afectadas por la conscripción
forzada y la represión.

Mientras no lo hagan, personajes nefastos como el ex agente de la SE,
Irving Larios Sánchez, seguirán siendo un ejemplo de cómo algunos
criminales de ayer se convierten en los “héroes de derechos humanos” de
hoy, mientras gozan de total impunidad. La Nicaragua libre del futuro, que
todos soñamos necesita memoria completa, no memoria a la carta.


Denis Silva Garcia: CRIMENES SIN CASTIGO. La muerte de mí padre José Ramón Silva Reyes (1983) CIDH No. P-666-05 -PJ-


Familiares de coronel de la Guardia Nacional ejecutado y desaparecido en Nicaragua piden justicia ante Corte IDH -La Mesa Redonda-


Corte IDH declara responsable al Estado de Nicaragua en un caso de desaparición forzada de 1983 -Nicaragua Investiga-



Larios es ahora un luchador, un “luchador social” defendiendo los derechos humanos de los opositores del régimen sandinista de Ortega, demandando la liberación de los presos políticos y llamando criminales a los que con una vez compartió la agenda de muerte de presos políticos y de criminalidad del gobierno que una vez representó.

Lo que le sucede a Brooklyn Rivera es lo mismo que le sucedió a miles de presos políticos en los ochenta y ahora se hace el sorprendido.


Irving Larios Sánchez trabajó de forma activa con los sandinistas en la década de los ochenta, ocupando cargos institucionales y dentro de la estructura del partido tras el triunfo de la Revolución. Sin embargo, su relación con el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) estuvo marcada por tensiones internas que eventualmente lo llevaron a distanciarse. Nicaragua: A Revolution Betrayed


Roles con el Sandinismo en los Años 80

Tras la caída de la dictadura de Somoza en 1979, Larios —quien había sido un destacado dirigente del Frente Estudiantil Revolucionario (FER)— asumió diversas responsabilidades: Aceptamos el desafío de Carlos Fonseca

  • Juventud Sandinista: Fue miembro del Comité Nacional de la Juventud Sandinista.
  • Gestión Educativa: Integró el Consejo Nacional de Educación Superior (CNES).
  • Ministerio del Interior: Entre 1980 y 1988 laboró en la Dirección V del Ministerio del Interior, la cual estaba encargada de los asuntos de la seguridad del Estado.
  • Relaciones Internacionales: Trabajó en el Departamento de Relaciones Internacionales del FSLN, donde llegó a dirigir la sección de América Latina para establecer nexos con partidos políticos y redes del continente.
  • Cuerpo Diplomático: Se desempeñó como primer secretario de la embajada de Nicaragua en Costa Rica.

Tensiones, Ruptura y Oposición Actual

A pesar de su militancia, la relación de Larios con la cúpula del partido no fue completamente pacífica:

  • Prisión en los 80: Durante esa misma década, llegó a ser detenido temporalmente por el propio gobierno revolucionario debido a que cuestionó la conducción política y la dirección que tomaba el proceso interno.
  • Ruptura definitiva: En la década de los noventa (entre 1993 y 1994), se distanció de forma total y definitiva del FSLN debido a profundas diferencias con el liderazgo de Daniel Ortega.
  • Oposición y destierro: Tras convertirse en sociólogo y director de la ONG INGES, pasó a ser un activo crítico del régimen actual de Ortega y Rosario Murillo. Debido a su activismo con la Articulación de Movimientos Sociales, fue arrestado como preso político en septiembre de 2021 y, posteriormente, desterrado a Estados Unidos en febrero de 2023 junto a otros 221 opositores




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