Nostalgia sandinista de decrépitos de los 80: Daniel Ortega y Sergio Ramírez.

Uno es dictador sandinista y el otro un intelectual admirado por la vieja guardia decrepita de los 80, por la nueva generación de nicaragüenses, que no saben quien fue Ramírez en esa época. Los dos son decrépitos de una revolución fallida que nunca debió de ser.

Ya sabemos quien es Sergio Ramírez, fue uno de los que integro la junta de gobierno en los primeros meses de la asquerosa revolución Sandinista en los 80, 1979-1984 y fue Vice-Presidente desde 1985 hasta 1990.

Premio Cervantes, el primer centroamericano en recibir tan prestigioso permio.

En el 2021 la dictadura sandinista lo proscribió por la novela que escribió novela Tongolele no sabía bailar

En el círculo intelectual de la izquierda internacional a Sergio Ramírez lo llenan de halagos y dentro de esos halagos se ahogan en la sombra de los abrazos, todos los malos recuerdos que nicaragüenses que ya no están con nosotros, que ya no pueden leer sus novelas ganadores de premios, que vivieron en la década oscura de los 80 y que este señor bendecía junto a Daniel Ortega todos los atropellos que cometían sus secuaces del Ejército, Policía, Seguridad del Estado o CDS.

Pero hay muchos que no olvidan, aunque el escritor ya pidió disculpas, pero sus disculpas no me convencen, pero es un gran avance para los sobrevivientes de sus decisiones.

Ahora Sergio Ramírez llama “dictador decrépito” al sandinista Daniel Ortega, parece que a sus 80 años la percepción esta cambiando.

Los cuerpos de miles de jóvenes quedaron esparcidos en las montañas nicaragüenses, su sangre fue derramada por la codicia del poder, los que sobrevivieron todavía tienen las heridas psicológicas de la guerra, sin olvidar a los mutilados y lo peor de todo olvidados por el tiempo y por el régimen que defendieron.

La nueva generación de jóvenes no tiene ni idea de los estragos en los 80, y Sergio Ramírez es parte de esos estragos junto a Daniel Ortega.

Sergio Ramírez lo sabe, él es cómplice y eso lo hace culpable.

Ramírez dijo que de la revolución de los años ochenta ya no queda nada más que “un dictador decrépito” como Daniel Ortega, quien usa “una retórica revolucionaria para un régimen que de revolucionario es lo que menos tiene”.

Parece que sigue añorando esos años, de la revolución “ya no queda nada más”, de “revolucionario es lo menos que tiene”

¿Qué quiere decir con eso? ¿Que los 80 fueron mejores que los 2000?

Parece que los viejos recuerdos, los extraña

“Añora” es la palabra, y sí, que Dios le de larga vida para que analice sus errores en lo que le queda de vida.

Todas las victimas de los Sandinistas en los 80 no se pueden olvidar y sus victimarios ahora anti-ortegas tienen que pagar por sus crímenes o por hacerse de la vista gorda.

Cada tweet es un tweet que hace recordar el pasado oscuro en cuál Sergio Ramírez fue partícipe y a acusar a Ortega de decrépito, es una broma de mal gusto.

A Sergio Ramírez se le olvida que fue parte de esa estructura, y lo peor de todo es que la estructura sigue en pie, la estructura que se formó en los 80, se ha fracturado, pero sigue en pie.

Los cimientos formados por él y la cúpula siguen ahí, y mientras esos cimientos no desaparezcan, su nombre seguirá grabado en los planos de arquitectura que él un día aprobó.

Lo más feo de todo es que se nota una nostalgia enfermiza en sus declaraciones.

Los 80 no son nada de que estar orgulloso, para ningún sandinista; desde esa época se viene arrastrando un dolor que cada uno de los nicaragüenses que vivieron esa década no lo van olvidar jamás y por ende no se puede olvidar la participación del cuál, él fue testigo, arquitecto y cómplice.

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