Por Alvaro Somoza Urcuyo
No propone un plan. No rinde cuentas. Pero marca la ruta. Y esa ruta lleva siete años sin liberar a un solo nicaragüense.
Siete años. Llevamos siete años con la misma estrategia opositora. Denuncias. Comunicados. Columnas elegantes en periódicos internacionales. Condenas diplomáticas. Premios literarios. Conferencias. Aplausos en universidades.
¿Y qué ha cambiado?
Ortega sigue. Rosario es copresidenta. Eliminaron las elecciones. Más de 350 presos políticos. Más de un millón de exiliados. Nos quitaron la cédula. Nos cancelaron el pasaporte. Nos declararon apátridas.
Siete años de denuncia y el resultado es peor que cuando empezamos.
¿Cuántos años más? ¿Diez? ¿Veinte? ¿Sesenta y cinco como Cuba?
Hoy no voy a hablar de Ortega. De Ortega ya sabemos todo. Hoy voy a hablar de algo que nadie se atreve a tocar: la oposición que nos tiene estancados. La estrategia que no funciona. El director técnico que sigue dando instrucciones desde la banca mientras el equipo pierde todos los partidos.
Y voy a usar nombres. Porque ya basta de hablar en abstracto.
EL DIRECTOR TÉCNICO DESDE LA BANCA
La semana pasada, Sergio Ramírez Mercado publicó una columna en La Prensa titulada “Los reyes de la baraja.” El artículo supuestamente habla de Nayib Bukele. Lo critica por autoritario. Lo llama rey de baraja. Denuncia su megacárcel, sus entorchados militares, su reelección indefinida.
Pero si lo leés con atención, el artículo no es sobre Bukele. Es una directriz. Es el director técnico mandando instrucciones desde la banca.
El mensaje real para los suyos es claro: no se alíen con el bloque Trump-Bukele. No busquen alianzas con la derecha regional. Mantengan la pureza. Sigan por el camino diplomático. Sigan conmigo.
¿Cómo lo sé? Porque así ha funcionado durante siete años. Ramírez publica. Los medios opositores replican. Las organizaciones del MRS y sus afiliadas ajustan la línea. Y todos marchan en la misma dirección: denunciar, denunciar, denunciar. Sin resultado. Sin plan concreto. Sin liberación.
¿QUIÉN ES SERGIO RAMÍREZ?
Para los que no lo conocen o lo conocen solo como escritor, pongamos los datos sobre la mesa.
Sergio Ramírez Mercado fue vicepresidente de Nicaragua entre 1985 y 1990, durante la primera dictadura sandinista.
No fue un simpatizante lejano. No fue un intelectual solidario que firmaba cartas desde Europa. Fue el número dos del gobierno. Cogobernó.
¿Qué pasó durante esos años bajo su cogobierno?
Servicio militar obligatorio. Adolescentes de quince y dieciséis años arrancados de sus familias para morir en una guerra que la cúpula decidió desde oficinas con aire acondicionado. ¿Cuántos murieron? Nunca nos lo dijeron.
Confiscaciones masivas. Familias enteras despojadas de sus propiedades con decreto oficial.
Censura de prensa. Cerraron el diario La Prensa.
Una economía destruida. Inflación de miles por ciento. Hambre. Racionamiento.
Alineación con la Unión Soviética en plena Guerra Fría.
Y el resultado final: el pueblo votó para sacarse de encima a ese gobierno en 1990. No los sacó una invasión. No los sacó un golpe. Los sacó el voto del pueblo nicaragüense que dijo: basta.
Ese es el historial del hombre que hoy marca la ruta de la oposición desde un sillón de la Real Academia Española en Madrid.
LA HIPOCRESÍA QUE NADIE DENUNCIA
Ahora leé lo que Ramírez critica de Bukele y ponelo al lado de lo que él mismo hizo:
Critica que Bukele se viste con entorchados militares. Él fue vicepresidente de un gobierno militar que mandó adolescentes a la guerra.
Critica la megacárcel con inocentes y culpables. Él cogobernó un sistema con presos políticos sin juicio.
Critica el estado de excepción permanente. Los años ochenta en Nicaragua fueron una sola emergencia: guerra, censura, racionamiento, todo suspendido.
Critica la reelección indefinida. El FSLN que él cogobernó creó las estructuras que le permitieron a Ortega volver al poder y quedarse para siempre.
Critica que Bukele silencia la prensa. Cerraron La Prensa bajo su gobierno.
Y aquí la diferencia más grande que nadie dice: Bukele tiene más del 85 por ciento de aprobación popular real. ¿Sabés cuánta aprobación tenía el gobierno de Ramírez? La suficiente para perder la elección de 1990. El pueblo los sacó con su voto.
Me arrecha la hipocresía. Me encachimba que el hombre que cogobernó una dictadura con servicio militar forzado tenga la autoridad moral para llamar dictador a otro. No porque Bukele sea perfecto. Sino porque vos no tenés las manos limpias para señalar.
LAS PREGUNTAS QUE NADIE LE HACE
Si la prensa nicaragüense en el exilio fuera libre de verdad, le haría estas preguntas:
¿Cuántos adolescentes murieron en el servicio militar obligatorio que usted cogobernó? ¿Tiene un número?
¿Cuántas propiedades se confiscaron con decretos firmados bajo su gobierno?
Si el FSLN era tan malo, ¿por qué el MRS de Ramírez apoyó electoralmente a Ortega después de separarse?
¿Qué solución concreta propone usted para liberar Nicaragua? No denuncia. Solución. Plan. Ruta. Fecha.
¿Cuántos años más de columnas en medios internacionales necesita para que cambie algo?
¿Por qué rechaza alianzas con el bloque que tiene poder real en la región?
¿Para quién trabaja su estrategia: para el pueblo nicaragüense o para mantener su posición como vocero indispensable de una oposición que no avanza?
Son preguntas. No insultos. Son preguntas que un periodista serio haría. Pero nadie las hace. ¿Por qué? Porque Ramírez controla la narrativa. Los medios opositores en el exilio lo respetan, lo citan, lo replican. Cuestionar a Ramírez dentro de la oposición es como cuestionar al papa dentro de la iglesia.
Y así llevamos siete años.
LA TRAMPA DE LA PUREZA
La estrategia de Ramírez se puede resumir en una frase: pureza moral sin poder real.
¿Cómo funciona?
Primero: define qué es “puro” y qué es “impuro.” Trump es impuro. Bukele es impuro. Cualquier alianza con la derecha regional es impura.
Segundo: los opositores que siguen su línea rechazan esas alianzas. Se quedan solos. Sin aliados con poder. Sin dientes.
Tercero: la única ruta “pura” que queda es la diplomacia europea, las condenas internacionales, las columnas en medios de prestigio.
Cuarto: ¿quién es el único que tiene acceso a esas plataformas? ¿A la RAE, a los medios internacionales, a los festivales literarios, a las universidades? Ramírez.
¿Ven el círculo? La “pureza” no es un principio. Es un territorio. Si la oposición se aliara con el bloque que tiene poder real, no necesitaría a Ramírez. Necesitaría pragmáticos, organizadores, gente de acción. Ramírez sería irrelevante.
Pero si la oposición mantiene la “pureza” y apuesta solo por la diplomacia, Ramírez es indispensable. El único con las conexiones. El único con la plataforma.
Me arrecha que un hombre priorice su relevancia personal sobre la liberación de un pueblo. Me encachimba que la estrategia beneficie al estratega más que al país.
EL RESULTADO: SIETE AÑOS PERDIDOS
Pongamos los números sobre la mesa.
¿Cuántos presos políticos ha liberado la estrategia de denuncia internacional? Los que liberaron fue por negociación directa con Estados Unidos. No por columnas en medios europeos.
¿Cuántas sanciones efectivas ha logrado? Las que existen fueron impulsadas por Washington. No por Madrid.
¿Ha caído Ortega? No. Está más fuerte que nunca. Ya no hay ni elecciones.
¿Se ha unido la oposición? No. Está más fragmentada que nunca. Porque la “pureza” exige expulsar a todo el que piense diferente.
¿Ha mejorado la situación del exilio? No. Cada año hay más exiliados, más apátridas, más gente sin documentos.
Siete años. El mismo director técnico. La misma estrategia. Y vamos perdiendo por goleada.
En cualquier equipo del mundo, cuando perdés siete años seguidos, cambiás de técnico. Pero en la oposición nicaragüense, cuestionar al técnico te convierte en “divisionista.” O peor: en “somocista.”
MI APELLIDO
Y aquí lo abordo de frente porque sé que viene.
Sí. Me llamo Somoza. Y cada vez que alguien no puede responder un argumento, usa mi apellido como escudo. “Somocista.” “Estirpe sangrienta.” “Nunca más.”
Mi apellido no cambia los números. Mi apellido no cambia que llevamos siete años de denuncia sin resultado. Mi apellido no cambia que Ramírez fue vicepresidente de una dictadura. Mi apellido no cambia que la estrategia actual no ha liberado a nadie.
Si el argumento solo funciona cuando no sabés mi apellido, entonces el problema no es mi apellido. Es que no tenés argumento.
A mí me podés cuestionar con datos. Mostrá dónde me equivoco. Desmentí un número. Señalá una mentira. Eso es debate. Pero si tu única respuesta es “Somoza,” entonces estás confirmando que no tenés nada.
¿QUÉ PROPONEMOS?
No somos músicos. No tocamos melodías bonitas mientras el pueblo se ahoga. No escribimos columnas elegantes mientras un millón de nicas no tiene pasaporte.
Proponemos organización. Registro real de nicaragüenses en el exilio y dentro de Nicaragua. Miles ya lo han hecho. En casi todos los países donde hay nicas.
Proponemos pragmatismo. Alianzas con quien tenga poder real para presionar. No pureza estéril que solo beneficia al que la predica.
Proponemos acción concreta. No denuncias infinitas sin plan de ruta.
Proponemos que el pueblo decida. No que un intelectual decida por el pueblo desde la comodidad de un sillón académico.
Y proponemos una pregunta muy simple a todos los nicaragüenses que siguen la línea del MRS:
¿Cuántos años más estás dispuesto a esperar con la misma estrategia que no ha funcionado? ¿Siete más? ¿Catorce? ¿Hasta que Nicaragua sea Cuba y pasen sesenta y cinco años de dictadura?
Si la respuesta es no, entonces es hora de cambiar de estrategia. No de rendirse. De cambiar. De dejar la música y empezar a construir.
EL DIRECTOR TÉCNICO NO VA A CAMBIAR
Ramírez no va a cambiar de estrategia. No porque sea tonto. Es brillante. No porque no vea la realidad. La ve perfectamente. Sino porque la estrategia actual le funciona a él. Le da relevancia. Le da plataforma. Le da la RAE y los medios internacionales y los premios y las conferencias.
El que tiene que cambiar sos vos. El que sigue al técnico que pierde. El que repite “denuncia internacional” como si fuera un mantra mágico. El que rechaza alianzas porque el director dijo que eran “impuras.”
Vos podés seguir sentado en la gradería viendo cómo el equipo pierde con el mismo técnico año tras año.
O podés pararte y decir: necesitamos otro plan.
No necesitamos más música. Necesitamos ladrillos.
Ladrillo por ladrillo. Esto se construye.
Pásame un ladrillo.
Desde Miami, con el corazón en Nicaragua.
Alvaro Somoza Urcuyo
Alianza por la Libertad de Nicaragua
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