De Contra a Diputado, de Traición a Traicionado, de Traicionado a Asesinado: Asesinado por Sandinistas que una vez apoyó.

TRAICIÓN IMPERDONABLE Y PAGÓ CON SU PROPIA VIDA



Brooklyn Rivera, el que un día levantó las armas contra el sandinismo para defender la tierra miskita, cometió el pecado mortal de vender la dignidad de su pueblo. No fue ingenuidad. Fue un cálculo frío, un trueque de principios por migajas de poder.

Entre 2007 y 2014, aliarse electoralmente con Daniel Ortega, prestando el brazo indígena de Yatama para oxigenar y legitimar al Frente Sandinista en la Costa Caribe, no fue un error inocente: fue una traición consciente a la sangre, la historia y la resistencia de su propio pueblo.

Vendió autonomía verdadera por diputaciones, titulación de tierras prometidas que nunca llegaron completas, y un supuesto “diálogo” que solo sirvió para que el dictador consolidara su control sobre la Mosquitia. Rivera entregó el respaldo indígena a quien había masacrado comunidades miskitas en los años 80, permitiendo que el lobo se vistiera con piel de oveja y avanzara sobre territorios ancestrales. Ese fue su pecado: anteponer ambición personal y pragmatismo político a la dignidad irrenunciable de su gente.

La dictadura nunca olvidó ni perdonó a quien, aunque tarde, intentó, (al menos eso parece), recuperar la honra. Al parecer Rivera denunció la invasión de colonos armados, el saqueo de recursos y la farsa de la autonomía. Entonces, Ortega y Murillo lo marcaron con su marca diabólica para destruirlo.

Secuestrado en 2023, desaparecido forzadamente, torturado en las mazmorras de El Chipote, humillado, aislado, negado de medicina y de familia. Hasta que su cuerpo de 73 años, debilitado por la saña deliberada de la dictadura, colapsó. Brooklyn Rivera pagó con su vida el pecado de haber vendido la dignidad miskita. Lo asesinaron lentamente, con hambre, negligencia médica criminal y aislamiento cruel, como se asesina a los traidores que ya no sirven.

La dictadura Ortega-Murillo lo usó mientras le convenía y luego lo suprimió sin piedad, demostrando una vez más que con los tiranos no se negocia: se les combate hasta el final. Quien vende la dignidad de su pueblo termina pagándola con la vida. No hay alianza “estratégica” con el demonio que no cobre su precio en traición y muerte.

¡Brooklyn Rivera cayó por su propio pecado! Que su ejemplo advierta a los que continúan traicionando la memoria de las más de 50 000 víctimas del FSLN, que la dignidad no se negocia, no se vende, no se pacta con tiranos.

¡Ya basta de falsos opositores y revendedores de la sangre de las víctimas!

¡INFAMIA ETERNA!

Esto es un acto de barbarie moral y dominación necrofílica. Es la humillación final. Es escupir sobre la tumba de su víctima. Es como entregarle a Tomás Borge, el arquitecto de la represión sangrienta de los miskitos, la cabeza del que un día dirigió a los rebeldes Misurasata. El monstruo Tomás Borge, que en 1982 prometió “m@tar a todos los miskitos para acabar con la contra”. Es una absoluta humillación colectiva hacia un pueblo que ya sufrió represión histórica.

¿Dónde queda la decencia humana? ¿Dónde queda el respeto mínimo a los muertos? Esta tiranía no solo mató a Brooklyn en sus mazmorras. Ahora le roba también su muerte. Le niega el derecho a descansar en su tierra, junto a su gente. Le roba su última voluntad y convierte su cadáver en un trofeo de propaganda barata, en un montaje macabro que nadie con valores morales, cristianos y éticos puede aceptar.

Están ejerciendo poder sobre el cadáver para reescribir la historia a su conveniencia. Es una forma de decir: “Incluso muerto, me perteneces. Tu memoria la controlo yo”. Es moralmente repugnante. Refleja la falta absoluta de escrúpulos y necesidad patológica de control sobre la víctima. ¡Esto es sadismo!

Es querer borrar la verdad con cemento y mentiras. Es querer ocultar la verdad de que los sandinistas persiguieron, dividieron y masacraron a los pueblos indígenas de la Costa Caribe cuando estos exigieron respeto a sus derechos.

El sandinismo asesinó al pueblo miskito y ahora la dictadura sandinista Ortega-Murillo humilla a ese mismo pueblo sirviéndose del cadaver de Brooklyn Rivera. Primero, mostrando a un líder debilitado, agonizante y sin defensa. Segundo, manejando su muerte de forma oscura y cruel. Y como si eso fuera poco, con un descomunal cinismo, instrumentalizan el cadáver de su antiguo enemigo y, después ex aliado, para control político. Además, como una clara venganza porque los miskitos fueron un bastión de resistencia contra las leyes represoras de la mil veces maldita “robolución” sandinista.

¡Sandinismo nunca más! ¡Ni perdón, ni olvido!

¡Abajo la dictadura Ortega-Murillo!

María Libertad Nicaragua, 1 de junio 2026



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