Elecciones en Iberoamérica: El papel de Elon Musk en USAID


Elon Musk, un maje muy cuestionado por sectores de izquierda en todo el mundo, irrumpió en la forma en que USAID distribuía fondos entre organizaciones no gubernamentales, especialmente en Iberoamérica. Según los expertos, su intervención ayudó a frenar el despilfarro de recursos públicos que, bajo el argumento de apoyar a las poblaciones más vulnerables, se destinaban en parte a influir en los sistemas políticos y en las elecciones presidenciales de la región.


Estos dos post en X lo explican de mejor forma:



La traducción del Post de C3:


“USAID suena bien.

US AID.

Como si Estados Unidos estuviera ayudando a los pobres que lo necesitan.

Eso no era lo que era USAID.

Era la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional.

Que financiaba cambios de régimen y causas de extrema izquierda.

Difundía el comunismo.

No se trataba de alimentar a los pobres.

Creaba a los pobres.”



El post traducido al español:


Dentro de 50 años, los libros de historia dirán que Elon Musk ganó una guerra que nadie sabía que estábamos perdiendo.

Una guerra que empezó hace 100 años, en una celda de una prisión italiana.

En 1926, Mussolini hace arrestar a un intelectual sardo de 35 años. En el juicio, el fiscal habría dicho: «Debemos impedir que este cerebro funcione durante veinte años».

Se llamaba Antonio Gramsci.

Su cerebro nunca dejó de funcionar. En la cárcel llenó miles de páginas que se convirtieron en uno de los textos políticos más influyentes del siglo XX. Creo que estamos viviendo el momento en que su teoría se derrumba.

Déjenme explicárselo.

Gramsci se hacía una pregunta sencilla. ¿Por qué la revolución comunista triunfó en Rusia pero fracasó en todo Occidente?

Su respuesta: en Occidente el poder no se sostiene solo por el Estado, la policía y el ejército. Se sostiene por la cultura. Por lo que la gente considera normal, evidente, «de sentido común». A eso lo llama hegemonía cultural.

Por tanto, para tomar el poder no hay que tomar primero el palacio. Hay que tomar primero las mentes. Las escuelas. Las universidades. Los periódicos. El teatro. La edición. Los tribunales. Es la «guerra de posición»: una conquista lenta, institución por institución. Cuando la cultura ha cambiado de bando, la política sigue sola.

Cuarenta años después, el activista alemán Rudi Dutschke lo convertirá en un eslogan: la larga marcha a través de las instituciones.

Durante décadas vivimos con un enigma que nadie lograba explicar del todo.

¿Por qué casi todos los artistas son de izquierdas? Los actores, los cantantes, los profesores, los periodistas, buena parte de la judicatura. ¿Por qué un país podía votar a la derecha elección tras elección y aun así ver que su cultura hablaba con una sola voz?

Nos respondían: «es porque la gente educada es de izquierdas».

Creo que la respuesta es más simple. Gramsci había escrito la receta, y se aplicó. Cuando controlas quién obtiene la subvención, el puesto, la buena crítica, el premio, la invitación al plató, controlas lo que se convierte en «la cultura».

El mismo enigma existía a escala mundial.

¿Por qué tantos países en desarrollo, sobre todo en América Latina, volvían a votar una y otra vez por gobiernos socialistas o de izquierda radical? Venezuela, Bolivia, Nicaragua, la Argentina de los Kirchner, la Colombia de Petro. La economía se hundía, los cárteles prosperaban, el caos se instalaba. Y sin embargo el mismo voto se repetía.

Mi convicción: la pobreza no era un accidente del sistema. Era un electorado. Y alrededor había todo un ecosistema de ONG, medios «independientes» y programas de «sociedad civil», financiado en gran parte con dinero occidental.

Luego, a principios de 2025, ocurrió algo que nadie se había atrevido a hacer nunca.

Elon y DOGE abrieron los libros de USAID. Una agencia casi intocable desde 1961, decenas de miles de millones de dólares al año. La gran mayoría de los programas se cortaron y la agencia fue absorbida por el Departamento de Estado.

Se cerró el grifo.

Y miren lo que ha pasado desde entonces.

Bolivia: el MAS pierde el poder tras casi veinte años. Ecuador: Noboa reelegido. Honduras: la derecha recupera el país. Chile: Kast elegido. Argentina: Milei gana ampliamente las elecciones de mitad de mandato.

Y hace dos días, Brasil.

Jair Bolsonaro es inelegible, condenado a 27 años de prisión. La izquierda creía haber cerrado el capítulo. Lula, de 80 años, aspiraba a un cuarto mandato frente a un país que se daba por ganado.

El domingo, su hijo Flávio quedó primero en la primera vuelta. Más del 47 % frente a cerca del 45 % de Lula. El propio Lula reconoció un resultado «inesperado».

El país más grande de América Latina está a una segunda vuelta de cambiar de bando.

El mayor giro a la derecha del continente en décadas.

¿Coincidencia? No lo creo. Cuando desaparece la financiación, el relato pierde sus altavoces.

Queda un último bastión de verdad. Europa.

Bruselas financia sus propias redes de ONG, con una opacidad que incluso el Tribunal de Cuentas Europeo ha señalado. Las grandes fundaciones como Open Society de Soros. Las entidades supranacionales que producen normas sin pasar nunca por un elector.

Es la última fortaleza de la hegemonía cultural. Y empieza a agrietarse.

Estoy convencido de que todo esto se va a derrumbar, y más rápido de lo que pensamos.

Gramsci tenía razón en un punto esencial: la cultura precede a la política. Pero olvidó que funciona en los dos sentidos. Cuando una cultura artificial pierde sus sueros, lo que hay de verdadero debajo vuelve a la superficie.

Lo que viene después, creo, es un renacimiento. Una cultura que vuelve a amar la belleza, la ambición, la ciencia, la civilización que la hizo nacer.

Y en los libros de historia se recordará que todo empezó cuando un hombre decidió mirar las cuentas.

Hacía falta alguien lo bastante rico para no depender de nadie, lo bastante loco para enfrentarse a ello y lo bastante libre para aguantar el odio que iba a seguir.

Gracias, Elon.


Todos coinciden que el haber parado el flujo de dinero estadounidense a las ONGs de izquierda en Iberoamérica a través de la USAID, la izquierda fue frenada en influenciar en las elecciones y poner gobiernos que avanzaban sus agendas destructivas.

Cuando le llegue el turno a Nicaragua, tal vez la USAID no va a proporcionar dinero, pero dinero privado como el de Geroge Soros, pueden perfectamente dejar al país con un gobierno progresista de izquierda, que, en vez de ayudar, joderá al país más de lo que esta.



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